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NOTAS
DE OPINIÓN
Crisis en la educación de los policías
Los
errores que a diario se cometen por parte del personal
policial tiene relación inmediata no sólo con la falta
de preparación inicial que recibe hoy el cadete, sino
también, y principalmente, con la falta de existencia de
claras directivas de quienes tienen a su cargo el manejo
de las estrategias para prevenir o reprimir el delito.
En la mayoría de los casos, el personal policial es una
verdadera víctima del actual sistema desarticulado, que
se encuentra sin cabeza, y que no les da las pautas
necesarias de un buen actuar.
Sin dudas que el Instituto de Seguridad Pública no está
capacitando correctamente a los cadetes que ingresan al
mismo, y esto es algo que en la fuerza policial se ha
venido señalando y advirtiendo desde hace un tiempo.
Esta falta de capacidad se da no tanto por la rapidez en
el egreso en sí del cadete, que puede no ser malo si se
recibió y asimiló la formación necesaria, sino por el
relajamiento en el nivel de exigencia indicado desde
arriba, y sobre todo, por la falta de enseñanza de lo
que significa pertenecer a una institución como la
policial, donde la obediencia es fundamental, las
jerarquías deben existir y ser respetadas, y donde debe
necesariamente haber una clara verticalidad en la cadena
de mando.
Si no se enseña todo esto desde el inicio, el resultado
será el que tenemos hoy.
No sabemos si no se enseña intencionalmente o por simple
inadvertencia.
Estas falencias del Instituto no deben ser atribuidas a
quienes enseñan en el mismo, sino a quienes elaboran los
planes de estudio y disciplina que han prescindido de
incluir algo básico para la formación del policía, es
decir, al Gobierno.
No sabemos si lo han hecho intencionalmente o por simple
inadvertencia.
Formar una mejor policía no quiere decir que deba
dejarse de lado lo que significa la disciplina, el
respecto a la jerarquía y la obediencia. Si realmente se
pretende tener una policía más “educada”, más
“capacitada” y más “culta”, eso debe significar y tener
necesariamente como resultado que los egresados sean más
respetuosos, más obedientes y más subordinados a la
jerarquía.
Si no logramos esto, estamos teniendo una policía peor,
no mejor como se pretende, y eso debe preocupar a
quienes tienen a su cargo determinar los planes de
estudio de los cadetes.
Que no quepa ninguna duda de que todas las falencias
perjudican la prestación de un buen servicio de
seguridad.
La falta de instrucción de los cadetes tiene como
consecuencia directa un deterioro en la prestación del
servicio policial, cosa que ha venido ocurriendo
claramente.
Encontramos tres tipos de perjudicados:
1) El ciudadano, que es quien recibe una mala atención o
malos tratos, o directamente una privación de su
libertad sin que se haya desarrollado ningún
comportamiento que permitiera que fueran conducidas a
una seccional o ser encerradas en un calabozo.
2) El mismo policía, que por no cumplir adecuadamente
con su función, recibe sanciones o vive un momento de
tensión absolutamente innecesario, producto de una mala
enseñanza inicial, con su consiguiente desprestigio
dentro de la sociedad.
3) La sociedad en su conjunto, ya que un procedimiento
policial mal llevado significa lisa y llanamente la
impunidad de posibles delincuentes que se ven
beneficiados por esa mala actuación, justamente de
quienes tienen a su cargo prevenir el delito, y resolver
un hecho ilícito una vez producido.
Me pregunto: ¿Cómo puede implementarse el programa
Policía a Mano si no alcanza el personal y el que egresa
del instituto no tiene la formación necesaria para
cumplir adecuadamente la función?
Sin dudas que la mala formación del cadete perjudica la
prestación del servicio de seguridad.
Pretender que el cadete egresado se termine de formar
disciplinariamente sobre la marcha, dentro de la
dependencia, no resiste el menor análisis.
Por supuesto que uno aprende todos los días de la vida
algo nuevo, pero eso no significa que el cadete no deba
aprender desde el primer día lo que significa ser
policía, lo que significa la forma de vida del buen
policía, lo que significa para su persona y su familia
ser policía.
Además, el problema disciplinario no viene solamente de
los nuevos egresados sino de quienes conducen la fuerza,
que deben hacerlo dando el ejemplo en todo momento.
¿Cómo cree, estimado lector, que un policía puede
asimilar que el ministro de Seguridad de la Provincia le
pase revista en una formación policial, vestido con ropa
deportiva y zapatillas blancas? ¿Qué clase de disciplina
les enseña el jefe al subalterno de esta forma?
Como puede advertir, señor lector, desde arriba se está
malenseñando al policía.
No podemos afirmar si es intencionalmente o por simple
inadvertencia.
Lo más grave de todo es que falta una clara política de
prevención del delito que baje inteligentemente desde
las más altas jerarquías hasta los policías más
modernos, lo que termina desarticulando cualquier
programa, por más bueno que éste sea en teoría.
La actual gestión de gobierno lleva seis años a cargo
del manejo de la cosa pública, y parece no dar en el
clavo del problema tan grave de seguridad que nos toca
vivir a todos los mendocinos.
Lamentablemente se encuentran encerrados en sí mismos,
no escuchan a nadie que opine distinto, rotan de función
como si fuera lo mismo ocupar uno u otro cargo, se
comportan como verdaderos autistas y, lo peor, se pelean
entre ellos, dejando perplejos a la sociedad que mira
atónita lo que ocurre.
No sabemos si intencionalmente o por simple
inadvertencia. |
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