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HOMENAJE
Homenaje a Sarmiento
Deseo
rendir un homenaje a un hombre que soñó una república y
trabajó muy duro por conquistarla.
Domingo Faustino Sarmiento fue ante todo un hombre de su
tiempo, pero con la vista puesta muy claramente en el
futuro.
Fue escritor, sociólogo, estadista, periodista; pero por
sobre todo, educador.
Un hombre con muchas facetas pero con una incansable
vocación por trasformar la realidad que lo rodeaba.
Siempre supo que la educación es el primer capital de un
pueblo y la diferencia entre un simple país y una
verdadera nación.
Como estadista, Sarmiento fue Director del Departamento
de Escuelas, Ministro de Gobierno del Presidente Mitre y
Gobernador de San Juan. Luego asumió la Presidencia de
la Nación, por el mandato 1868-1874. Más tarde, fue
senador y Ministro de Interior durante el gobierno de
Nicolás Avellaneda.
La educación fue una constante de su obra de gobierno,
diseñó los instrumentos legales y administrativos para
lograr ese objetivo. Cuando Sarmiento asumió la
gobernación de San Juan dictó una Ley Orgánica de
Educación Pública que imponía la enseñanza primaria
obligatoria y creaba escuelas para los diferentes
niveles de educación, entre ellas una con capacidad para
mil alumnos, como fue el Colegio Preparatorio, y una
escuela, destinada a la formación de maestras. Desde la
presidencia siguió impulsando la educación fundando unas
800 escuelas.
Siendo Presidente de la Nación (1868-1874), la obra que
desplegó en este sentido fue descomunal: multiplicó el
número de alumnos en las escuelas (la cifra de educandos
pasó de 30 mil a 100 mil), creó la primera institución
dedicada a la formación de maestros (la Escuela Normal
de Paraná), promocionó la práctica de la lectura, a
través de la Ley de Bibliotecas Populares, que dio
origen a 140 bibliotecas en todo el país, e impulsó la
creación de escuelas en todas las geografías de la
nación.
Su obra
modernizadora como Presidente fue gigante.
"El
progreso -escribirá- marcha a su paso natural, rápido,
donde encuentra terreno preparado, lento donde no halla
libertad, inteligencia o capital, tres ingredientes de
que se compone aquella droga."
Con esta idea, pregonó cambios y transformaciones que
significaron reemplazos de valores, de metas y de
estilos de vida, cambios que expuso claramente en
Civilización y Barbarie.
Imaginó un país moderno y obró en consecuencia, con un
apoyo decidido a la educación, la ciencia y el
trabajo, pilares de una nación fuerte: fundó el
Observatorio Astronómico de Córdoba, la Facultad de
Ciencias Físicas y la Academia de Ciencias de esa
provincia. Ordenó realizar el Primer Censo Nacional de
Personas, instrumento de gobierno y administración
indispensable para determinar las reales necesidades de
la población. En 1874, inauguró el primer servicio de
cable transoceánico y amplió la red de ferrocarriles,
interconectando distintas capitales de provincia, y
promovió la inmigración extranjera, con políticas de
colonización de vastas regiones del Interior.
Sarmiento aprendió en Estados Unidos la importancia de
las comunicaciones en un país extenso como el nuestro.
Durante su gobierno se tendieron 5.000 kilómetros de
cables telegráficos y en 1874, poco antes de dejar la
presidencia, pudo inaugurar la primera línea
telegráfica con Europa. Modernizó el correo y se
preocupó particularmente por la extensión de las líneas
férreas.
Desde el
gobierno, Sarmiento intentó concretar proyectos
renovadores como la fundación de colonias de pequeños
agricultores de Chivilcoy y Mercedes. La experiencia
funcionó bien, pero cuando intentó extenderla se
encontró con la cerrada oposición de los terratenientes
nucleados en la Sociedad Rural Argentina que, le hizo
saber a Sarmiento que los terratenientes consideraban
“inconveniente implantar colonias como la de Chivilcoy
donde ya estaba arraigada la industria ganadera”.
Sarmiento se enojó mucho y declaró: “Nuestros
hacendados no entienden jota del asunto, y prefieren
hacerse un palacio en la Avenida Alvear que meterse en
negocios que los llenarán de aflicciones. Quieren que
nosotros que no tenemos una vaca, contribuyamos a
duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a
los Unzué, a los Pereyra, a los Luros, a los Duggans, a
los Cano y los Leloir y a todos los millonarios que
pasan su vida mirando cómo paren las vacas.
En este estado está la cuestión, y como las cámaras (del
Congreso) están también formadas por ganaderos, veremos
mañana la canción de siempre, el payar de la guitarra a
la sombra del ombú de la Pampa y a la puerta del rancho
de paja”.
Defensor y propulsor de la educación en 1875, Sarmiento
asumió como Director General de Escuelas de la Provincia
de Buenos Aires. Estaba convencido de la necesidad de
propiciar por la educación primaria popular: “Es la
educación primaria la que civiliza y desenvuelve la
moral de los pueblos. Todos los pueblos han tenido
siempre doctores y sabios, sin ser civilizados por eso”.
Durante la presidencia de Roca ejerció el cargo de
Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional
de Educación y logró la sanción de la
Ley 1420,
que estableció la enseñanza primaria, gratuita,
obligatoria, y laica..
Fue
también un gran escritor, sus obras completas suman 52
tomos. Entre ellas se destacan:
Mi defensa,
Civilización y Barbarie,
Vida de Juan Facundo Quiroga,
Viajes,
Argirópolis,
Recuerdos de Provincia,
Campaña del Ejército Grande,
Conflictos y armonías de las razas de América,
De la educación popular,
etc.
Sarmiento murió
el 11 de septiembre de 1888 pocos años antes, había
dejado escrito una especia de testamento político: “sin
fortuna que nunca codicié, porque era bagaje pesado para
la incesante pugna, espero una buena muerte corporal,
pues la que me vendrá en política es la que yo espero y
no deseo
mejor que dejar por herencia millones en mejores
condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país,
aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas
el territorio, como cubierto de vapores los ríos, para
que todos participen del festín de la vida, del que yo
gocé sólo a hurtadillas”.
Quiero hacer extensivo en este homenaje nuestro
reconocimiento a los maestros de carne y hueso, que me
formaron y nos formaron. Hago votos para que la
educación vuelva a ser lo que fue y que construyó la
Argentina convirtiéndola en el faro cultural y académico
de toda América Latina. |
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