“Mendoza no está preparada para enfrentar los riesgos de una erupción volcánica”

 

Ante la erupción del Volcán Chaitén ,en Chile y las serias consecuencias que trajo a todas las poblaciones cercanas al volcán, incluso en Argentina, la Senadora por el PD, Nelly Gray de Cerdán, quien es doctora en geografía y experta en uso del suelo, alertó que “esto es un llamado de atención para que tomemos precauciones antes de que sea tarde, teniendo en cuenta que Mendoza cuenta con varios volcanes como el Tupungato, el Tupungatito, el Peteroa y otros.

 

Si bien la senadora Gray destaca el trabajo realizado por Defensa Civil, subrayó que se tratan de tareas con respecto a la ATENCION DE LAS EMERGENCIAS. “Pero en un contexto como el nuestro, donde no hay ordenamiento territorial, no hay planificación urbana ni de otro tipo, se puede decir que nuestras condiciones para generar  situaciones de seguridad frente a las diferentes amenazas que hay en la provincia, son realmente poco alentadoras”.

 

“Si tomamos en cuenta  temas hídricos recientes, sabemos que una de las exigencias para la construcción del Embalse Potrerillos fue la de construir el plan de emergencias frente a eventuales roturas, desbordes o mal manejo del mismo, para poder prever políticas preventivas. La empresa responsable lo diseñó y lo entregó al gobierno de turno, pero nadie lo conoce, nadie lo ha analizado y en consecuencia, no hay previsión posible porque nadie lo aplica.  Lo mismo ocurre con los estudios de micro-zonificación sísmica y otros muchos”, graficó.

 

A nivel de la Provincia  no existe un plan de gestión de riesgos y, según la legisladora demócrata, ni siquiera se cuenta con la información necesaria para producirlo. “No quiero decir con ello que no exista información. Por el contrario desde diferentes sectores de la ciencia local se hacen importantes aportes sectoriales al problema del riesgo, incluso para  algunos casos puntuales (Luján de Cuyo) se han construido mapas de peligros múltiples o de riesgo. Pero esa información no está sistematizada ni unificada a nivel provincial”.

 

Prever la posibilidad de la erupción de un volcán implica tener en cuenta qué pasaría si por la erupción se derriten glaciares vinculados a nacientes de ríos que más abajo son utilizados para el uso humano, o tener un estudio pormenorizado de hacia dónde hay que evacuar la población, de qué manera, si se cuenta con los elementos necesarios para hacerlo y quiénes serán los responsables de esa tarea. Implica también tener estudiada la capacidad sanitaria para atender intoxicaciones por inhalación de humo o quemados, saber si se cuenta con espacio en las escuelas para alojar damnificados en medio de la urgencia y muchos otros puntos.

 

Aún cuando las cenizas de grandes erupciones, como la del volcán Chalten, pueden incluso dar la vuelta al mundo en pocos días y eventualmente según la magnitud del evento afectar las puestas del sol durante muchos años después, lo cierto es que el daño serio está restringido a pequeñas áreas en comparación con la extensión de daños producidos por inundaciones como la de Santa Fe o grandes terremotos, como el de San Juan en 1944.

 

Sin embargo las erupciones volcánicas pueden causar grandes pérdidas de vidas  humanas y de propiedades en las cercanías a los mismos. “Nosotros tenemos en nuestra provincia una extensa línea de volcanes activos desde el Tupungato y el Tupungatito hasta el sur de la Provincia al que se suman los efectos que podríamos esperar de volcanes que en territorio chileno están próximos a la frontera. El Tupungato y el Tupungatito están a menos de 90 km del Gran Mendoza, el Descabezado Grande cerca de Malargue,  Marmolejo, Plantat I y II, La Engorda y San José frente a diferentes localidades de Tunuyán, Caldera del Diamante, Maipo, Caldera Atuel I, muy próximos a  localidades de San Carlos” recordó la senadora.

 

La mayor parte de  ellos está dentro de los que se consideran de peligro a corto plazo, según la periodicidad definida en el Sourcebook for Volcanic Hazards Zonation publicado por UNESCO. El peligro a corto plazo se define como un volcán que erupciona más de una vez cada siglo y ha tenido manifestaciones después del año 1800; es decir, que una persona puede esperar tener la experiencia de asistir y/o ser víctima de al menos una erupción a lo largo de su vida.

 

“Para prevenir y gestionar este riesgo, es necesario trabajar con evaluaciones de peligros – cuya forma de desarrollarlas están perfectamente pautadas desde organismos internacionales – y sobre todo con planificación restrictiva sobre el uso de las tierras, previendo a partir de modelos de simulación cuáles son las áreas potenciales de afectación,  datos que deben ser volcados  en mapas de zonificación de riesgo volcánico”, aseguró.